Nueva perspectiva sobre las experiencias de los trabajadores migrantes-Andreea Rosu

El martes 7 de septiembre fui a un campamento de inmigrantes criollos haitianos en el condado de Franklin, Pensilvania. Aquí, había unos 20 trabajadores migrantes que eran hombres de Haití. Solo unos 2 o 3 trabajadores hablaban un poco inglés. Por lo tanto, hubo voluntarios y enfermeras que hablaban criollo haitiano. Una de las voluntarias trajo a su esposo para ayudar a traducir porque es criollo haitiano. Meaghan, Quenelle y yo fuimos responsables de registrar a los trabajadores migrantes en el sistema de Keystone Health. Cada una de nosotras trabajó con los dos voluntarios que hablaban creole haitiano para hacerle a cada trabajador las preguntas personales que necesitábamos registrar. Después de que todos los trabajadores se registran, fueron directamente a las enfermeras para que les tomaran los signos vitales y les consultaran sobre su estado de salud. A continuación, cada trabajador recibió una bolsa de bienestar. Como no teníamos suficientes bolsas de bienestar, algunos de los trabajadores tuvieron que compartir.

Como los trabajadores migrantes en este campamento eran criollos haitianos, no tuve que hablar en español. Sin embargo, solo había un trabajador con quien podía comunicar directamente porque hablaba un poco de inglés. Con todos los demás trabajadores, tuve que trabajar con un traductor para completar el formulario de registro. Al principio estaba muy nerviosa porque necesitaba registrar correctamente la información personal de cada trabajador mientras trabajaba con un traductor. El primer trabajador migrante que registré hablaba bien inglés. Recuerdo que sentí que el formulario era largo y me di cuenta de que tomaría un poco más de tiempo con el resto de los trabajadores que no hablaban inglés.

A pesar de que los formularios de registro eran largos e incluían preguntas detalladas sobre los hábitos de fumar de los trabajadores, su salud mental, las fechas de las dosis de vacunación contra Covid y más, todos los trabajadores fueron pacientes y amables. Las respuestas a las dos preguntas sobre su salud mental fueron las que más me llamaron la atención. Muchos de los trabajadores dijeron que a menudo se sienten tristes porque extrañan mucho a sus familias en Haití. Esta es una parte de la experiencia migrante que nunca sentiremos pero que podemos reconocer como voluntarios. Además de las diferencias culturales que experimentan los trabajadores migrantes en los EE. UU., también existe la diferencia de la ausencia familiar. Por lo tanto, creo que todos deberíamos ser empáticos como voluntarios y pacientes.

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