Impresiones sobre Our Languages Belong Here (Lindsay Morcom)

La exposición, que tuvo lugar el 14 de septiembre de 2021, se centró en las lenguas minoritarias y el estado de la cuestión en Canadá. En primer lugar, la ponente presentó su árbol genealógico; seguidamente, expuso sobre la riqueza lingüística en Norteamérica y Europa; y, posteriormente, señaló las lenguas aisladas (no pertenecientes a otras familias lingüísticas) de dichos territorios, entre las que destacó el euskera. Luego, mostró ciertos valores y expresiones de su lengua, acompañadas las diapositivas siempre de imágenes temáticas. Asimismo, la lingüista explicó el tratamiento de las lenguas nativoamericanas en Canadá en el pasado, en contraste con el programa actual. Por último, antes de pasar a contestar a las preguntas, subrayó el papel de las nuevas generaciones a la hora de conservar estas lenguas minoritarias. Respecto a las preguntas, el público manifestó sus dudas acerca de si realmente estaba en sus manos poder cambiar la situación, y se interesó por un acercamiento a su cultura desde el respeto.

En cuanto a mi percepción del tema, siento que es un choque cultural para mí. No comprendo la voluntad de luchar por algo que ya considero perdido —supongo que se trata del clásico optimismo estadounidense, que nunca deja de sorprenderme—, ni tampoco entiendo por qué se aferran tanto a la nacionalidad de sus antepasados; es decir, yo misma tengo antepasados franceses, pero no siento ninguna vinculación cultural hacia ellos. Sé que la percepción de la realidad aquí es diferente, que buscan la cultura de sus lazos familiares igual que en Europa buscamos la preservación de la cultura lingüística, artística y social de nuestro país, pero todavía me impacta la disparidad entre nuestros conceptos del mundo. En todo caso, aunque no siempre comprenda que la sociedad norteamericana se aferre tanto al pasado —quizás ese rechazo al pasado por nuestra parte se deba a la frecuencia y cantidad de guerras e invasiones que hemos sufrido en Europa—, quiero entender desde el respeto qué significan estos temas para ellos. Por otro lado, he apreciado que la corriente lingüística en Norteamérica tiende al empirismo y relativismo, ya que la lingüista ha defendido la postura de Sapir y Whorf acerca del determinismo lingüístico. Esta corriente hace tiempo que no se contempla en las escuelas lingüísticas europeas, puesto que se ha preferido optar por una corriente más «moderada», es decir, más próxima al racionalismo y estructuralismo, que siempre ha sido la vertiente imperante en la Europa continental.

Considero que esta ponencia puede enriquecer el ejercicio de la interpretación médica con migrantes hispanoamericanos desde dos perspectivas. En primer lugar, debemos preguntarnos si realmente el español es el idioma con el que estos individuos se sienten más seguros al hablar, es decir, si quizás se sienten más cómodos con otra lengua materna que no sea el español. Son muchas las lenguas indígenas que se conservan en Centro y Sudamérica, pero probablemente ni siquiera sus propios hablantes mediten siquiera si pueden acceder a intérpretes de dicha lengua. En todo caso, deberíamos estudiar qué posibles consecuencias puede tener este bilingüismo en los sujetos con los que trabajamos. Por otro lado, la otra cuestión que se nos plantea, especialmente para los europeos, es contemplar la posibilidad de que quizás coincidan más con la mentalidad norteamericana respecto a la importancia que le dan a sus antepasados; y, por ello, formarnos para saber cómo afrontar las posibles situaciones que puedan derivarse de este contraste.

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